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Competencias en investigación: formando investigadores (Parte II)

¿Cómo se puede aportar a la formación en investigación científica?

Al respecto Maldonado, L. y otros autores más (2007) afirman en su trabajo que: “los datos muestran que la investigación formativa se realiza a través de semilleros de investigación y la modalidad de trabajo de grado investigativo o proyectos de extensión a la comunidad. Sin embargo, existe poco acompañamiento por parte de los tutores, quizás porque no se tenía un tiempo especificado para la actividad investigativa”. (Maldonado, F. et.al, 2007)

Definitivamente, una de las actividades esenciales en el contexto de la formación universitaria, es (o debería de ser), la preparación de los alumnos en el campo de la investigación. Una de las principales labores de los profesores universitarios es la preparación en dicho campo, de manera que no sólo se enseñen las técnicas en el contexto de la investigación, sino que también se anime a los futuros profesionales a “descubrir” el gusto por la misma.

Al despertar el interés en al campo de la investigación, al mismo tiempo, se prepara a los universitarios a enfrentarse ante  las necesidades que afronta la sociedad actual y así, en la medida de sus capacidades, proponer soluciones reales a dichas problemáticas por medio de proyectos de investigación, en los cuales se vean acompañados por la experiencia de sus profesores universitarios.

Por su parte, William Guillermo Jiménez, profesor universitario, presentó en el 2006 su trabajo titulado: “La formación investigativa y los procesos de investigación científico-tecnológica en la Universidad Católica de Colombia”. En el cual afirma que: “Desde Humbolt en el siglo XIX, la universidad adquirió un compromiso con la investigación más allá del solo interés por la docencia y transmisión del conocimiento”.

El mismo profesor Jiménez afirma que: “La formación investigativa, puede ser entendida como aquella que desarrolla la cultura investigativa y  el  pensamiento  crítico y  autónomo  que  permite  a  estudiantes  y  profesores  acceder  a  los  nuevos  desarrollos  del  conocimiento”. Y sigue diciendo que: “la formación investigativa  ha adquirido en la actualidad una gran importancia en el contexto de la educación superior,  tanto así que se constituye en un parámetro de calidad de la misma, exigible y obligatorio en los procesos de registro calificado y acreditación de alta calidad de los programas académicos. No sólo se refiere  a hacer  investigación  en  la  universidad,  sino  además  a  utilizar  la  investigación  adecuadamente  en  el  proceso de formación preparando a los estudiantes y profesores para valerse de ella y también para realizar ellos mismos investigación. (2006, p.46)

Afirma la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova que: “Tras la reciente adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el período 2015-2030 por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Informe sobre la Ciencia de la UNESCO pone de manifiesto que la investigación es un factor de aceleración del desarrollo económico y, a la vez, un elemento determinante en la construcción de sociedades más sostenibles y susceptibles de preservar mejor los recursos naturales del planeta”. (UNESCOPRESS, 2015)

Una de las conclusiones de dicho informe sobre la Ciencia: hacia 2030, afirma que: “sea cual sea su nivel de ingresos, la mayoría de los países apuestan actualmente por el fomento de la investigación y la innovación con miras a impulsar su crecimiento económico sostenible y propiciar su desarrollo”. (UNESCOPRESS, 2015)

La alfabetización informacional

Estrechamente de la mano de la investigación científica, se encuentra de manera inseparable la alfabetización informacional, que tanto auge ha tenido en el campo educativo en los últimos años, en especial a nivel de la formación universitaria, pues uno de sus lemas es en sí mismo la importancia de las competencias en investigación de los universitarios, tanto estudiantes como docentes.

Dicho proceso necesario para la investigación es apoyado directamente por la alfabetización informacional, que abarca el conjunto de” competencias, aptitudes, conocimientos y valores necesarios para acceder, usar y comunicar la información en cualquiera de sus formas, con fines de estudio, investigación, o ejercicio profesional. (Gómez Hernández, J.,  2014)

Como se puede ver fácilmente, parte esencial de la formación de los estudiantes y docentes, es partir de una correcta concepción de lo que se entiende como “alfabetización informacional”.  De acuerdo al trabajo monográfico elaborado por la  Facultad  de Documentación y traducción de la  Universidad de Salamanca, se define como “…la capacidad de reconocer cuándo y qué tipo de información se necesita, y el conocimiento de la forma de definir las estrategias de búsqueda adecuadas, determinar las fuentes pertinentes, localizar, evaluar críticamente y utilizar éticamente la información en todos los formatos. Por ello la alfabetización informacional es una habilidad vital en la era de la información”. (Biblioteca Central UNLZ, s/f)

Se puede apreciar la importancia que juegan dichas  competencias en materia de investigación como algo indispensable para que aquel que se adentre al mundo de la investigación, cuente con las herramientas necesarias en cada paso de la misma, y así pueda producir un trabajo serio y robusto, aportando así valor al mundo del conocimiento ya existente.

Muy recientemente la alfabetización informacional ha sido objeto de un serio estudio, con el objeto de actualizar a los tiempos actuales, influidos por las nuevas tecnologías, los alcances formativos de la misma. Así, “Múltiples organismos nacionales e internacionales han hecho un esfuerzo en los últimos años por concretar cuáles deben ser las competencias clave en educación y, en lo que se refiere a la materia concreta de nuestro análisis, prácticamente hay unanimidad a la hora de señalar la necesidad de alfabetizar informacionalmente, pues es la herramienta para la adquisición de competencias en información, clave para el desarrollo, participación y comunicación en sociedad, teniendo como bases tanto la competencia lectora como la digital”. (Campal, F., 2016)

Continua diciendo Campal que: “La alfabetización informacional es una competencia transversal clave en cualquier currículo educativo. Hoy en día es imposible trabajar con eficacia en el campo de la comunicación y la información sin un enfoque holístico y sistemático de la formación en actitudes creativas y el uso competente de la información en sus diferentes formas”. (Campal, F., 2016)

Antes de terminar éste pequeño post, no queda sino recalcar nuevamente la importancia que juega en la formación universitaria contemporánea la preparación de los estudiantes en el contexto de las competencias de investigación académica, de manera que, tal como se mencionó en éste escrito, puedan aportar sus propuestas para la solución de las problemáticas ante las que se enfrenta nuestra sociedad actual.

FUENTE: Infotecarios

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Competencias en investigación científica: formando investigadores (Parte I)

Al hablar la formación de los estudiantes, en especial de aquellos que tienen la fortuna de acceder a un programa de educación universitaria, es inevitable que venga a la mente el pensar en el tema de la investigación científica.

Aunque en la actualidad la formación universitaria cada vez más tiende a la educación profesionalizante, que prepara eficientemente y de una manera adecuada a los universitarios para enfrentarse ante los retos de la vida profesional, no se puede olvidar la importancia que tiene el desarrollar las competencias adecuadas en el campo de la investigación científica en cada uno de los campos del conocimiento humano.

En relación con el tema de las competencias para la investigación, es se suma importancia el esclarecer claramente el concepto de investigación y, por otro lado, cuales son las competencias necesarias para que un miembro de la comunidad universitaria cuente con las herramientas y habilidades necesarias para afrontar los retos que les presente la formación universitaria. En éste post se pretende comprender el impacto que tiene en el campo universitario el ser competente en el área de la investigación científica, así como en la alfabetización informativa.

La Investigación

Sobre la importancia de la investigación, Ruíz Ramírez recuerda que “en el mundo actual, el verdadero ejercicio de la libertad y la soberanía está en el conocimiento, se necesita la ciencia para disminuir los límites de la ignorancia y aumentar la capacidad para resolver los problemas. Un mejor estándar de vida puede lograrse en un país que disponga de recursos humanos altamente adiestrados formados en centros capaces de crear conocimientos y de formar profesionales imaginativos que puedan innovar y crear”. (Ruíz Ramírez, J., 2010)

Como se puede apreciar en el párrafo anterior, no basta sólo con saber acceder a la información, sino que además se debe de contar con las competencias adecuadas para saber que se debe de hacer con esos datos adquiridos para resolver una necesidad y así, estar en condiciones de tomas una decisión adecuada al momento de enfrentarse al campo de la investigación.

Tal como lo mencionan Montes de Oca y Manchado en su trabajo de investigación, siguiendo las ideas de Delors: “Entre las misiones y funciones reconocidas a la educación superior se encuentran: promover, generar y difundir conocimientos por medio de la investigación y, como parte de los servicios que ha de prestar a la comunidad, proporcionar la preparación técnica adecuada para contribuir al desarrollo cultural, social y económico de las sociedades, fomentando y desarrollando la investigación científica y tecnológica a la par que la investigación en el campo de las ciencias sociales, las humanidades y las artes creativas”. (Montes de Oca y Machado, 2009)

Afirman éstos investigadores cubanos que “formar profesionales que utilicen los métodos de la ciencia para transformar la realidad es un imperativo, sin embargo su materialización en la práctica dista mucho de satisfacer las aspiraciones declaradas”. Y continúan diciendo que: “lograr dichas metas presupone una valorización mayor del componente o dimensión investigativa en todo el proceso de formación universitaria, así como una revisión del escenario de la formación y la necesidad de la interdisciplinariedad y transdisciplinariedad en el currículo, para concebir el desarrollo de habilidades investigativas como habilidades profesionales comunes de las diferentes carreras universitarias aunque, cada cual, con sus particularidades”. (Montes de Oca y Machado, 2009)

De acuerdo a la afirmación anterior, “apropiarse del método científico como objetivo educativo y por ende desarrollar habilidades investigativas, no puede lograrse sólo a través de cursos dedicados a la metodología de la investigación, y si bien, a partir de algunas disciplinas “integradoras” y de determinadas estrategias curriculares se alcanzan modos de actuación profesional vinculados con la dimensión científico técnica, es evidente que se deben aprovechar mucho más las potencialidades de todas y cada una de las disciplinas y asignaturas de manera que las habilidades investigativas verdaderamente se constituyan en modos de actuación de los futuros egresados, base esencial del desarrollo profesional”. (Montes de Oca y Machado, 2009)

En relación al tema de la formación de los investigadores, Roig Vila (2008) resalta la importancia que la educación ha tenido que afrontar múltiples desafíos a lo largo de la historia. Uno de los principales bien puede ser la creación y la transferencia de conocimiento. “La información no es per seconocimiento, éste se basa en la información, pero se nutre, además, de no pocas dosis de raciocinio y, por qué no, de “racionamiento”.

Continua diciendo que “la información ha constituido una materia prima esencial que se produce, se reelabora, se transforma y se comercializa […]  A lo largo de la historia se produce, de hecho, una redefinición del concepto de cultura e, incluso, del de Educación –incluido, la educación universitaria—“. (Roig Villa, R., 2008)

Así, el autor antes mencionado concluye diciendo que “debemos afrontar el reto de desarrollar acciones continuadas tendentes a dar satisfacción, en términos de enseñanza permanente, innovación e investigación, pero también desarrollo y consolidación, al cambio acelerado que caracteriza la sociedad del conocimiento y de la comunicación. Así que desarrollar nuevos entornos docentes/discentes (Lewis & Romiszowski, 1992; Cebrián de la Serna (coord.), 2000 citado por Roig Villa, R. 2008)

Volviendo al tema de la importancia de la investigación, Ruíz Ramírez (2010) nos recuerda que “una de las funciones fundamentales de la Universidad es propiciar la generación de nuevos conocimientos mediante la investigación científica, tecnológica, humanística y social”. (Ruíz Ramírez, J., 2010)

Sigue diciendo el mismo autor que “La investigación estimula el pensamiento crítico, la creatividad y es a través de ella, que el proceso de aprendizaje se vitaliza y se combate la memorización, que tanto ha contribuido a formar profesionales pasivos, pocos amantes de la innovación, con escasa curiosidad e iniciativa personal. La investigación es de importancia vital en los estudios de postgrado, no es posible tener egresados de alto nivel si no se investiga”. (Ruíz Ramírez, J., 2010)

FUENTE: Infotecarios

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El saber no tiene precio: sobre el acceso libre al conocimiento

Con menos de 15 años de vida, el movimiento por el acceso abierto al conocimiento está revolucionando la forma tradicional de difundir la ciencia. El planteo es simple: las investigaciones pagadas con fondos públicos deben estar disponibles en Internet.

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Jack Andraka, un adolescente estadounidense que descubrió en 2012 un test más eficaz y barato para detectar el cáncer páncreas, representa el ejemplo perfecto del conocimiento abierto. Su hallazgo no hubiera tenido chances de producirse sin la bibliografía científica gratuita que googleó en la web. Con un precio promedio de 30 dólares (450 pesos) por artículo en el sistema pago –y un trabajo de este tipo requiere la consulta de varios- Jack no habría avanzado mucho.

La movida se inició a principios del año 2000 en países de Europa y Estados Unidos, como respuesta al aumento en los precios de las revistas científicas internacionales. América Latina se sumó al poco tiempo y dio pasos acelerados hacia el acceso abierto.

Se calcula que existen cinco mil publicaciones científicas periódicas en la región y la mayoría utiliza  este modelo. Las estimaciones más optimistas sostienen que entre el 80 y el 90 por ciento de la información científica –no sólo la que llega a las revistas- circula  por este vía. Las más conservadoras hablan de un 51 por ciento.

El auge en Latinoamérica obedeció a varios factores, entre los que se cuentan el apoyo de universidades públicas e investigadores, el consenso académico sobre el conocimiento como bien público y el desarrollo de las tecnologías de la información. También insidió una menor presencia de las editoriales internacionales del rubro, al menos si se compara con lo que sucede en los países desarrollados, donde concentran más del 50 por ciento de la publicación científica.

“Estas iniciativas apuntan a que las investigaciones financiadas con fondos públicos estén disponibles libremente en Internet, para que los ciudadanos, que con sus impuestos pagan la actividad científica, tengan acceso a sus resultados”, explica Dominique Babini, a cargo del Área de Acceso Abierto del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), una red que integran 481 instituciones.

En la región dos tercios de la investigación se solventan con aportes estatales, según estima Clacso. Con el sistema abierto y gratuito “la producción de nuevos conocimientos se acelera, porque la investigación se beneficia con la información libre en la web”, dice Babini. La edición de libros académicos avanzó bastante en los últimos años, impulsada por circulación electrónica, que posibilitó una marcada baja en los gastos de distribución.

Hoy coexisten en la web dos modelos de acceso abierto al conocimiento: por una parte, los portales de revistas y publicaciones científicas. Por otra parte, los llamados repositorios institucionales, que reúnen una amplia gama de documentos digitales, como artículos, tesis e informes, entre otros. Los repositorios pertenecen a universidades, instituciones científicas u organismos públicos como ministerios o secretarías de ciencia.

¿Cómo hacemos con la sobreabundancia de información?

Frente de sobreabundancia de información que caracteriza a Internet, estas plataformas ofrecen un valor adicional que el lector puede agradecer: el material que publican debió pasar antes por un proceso revisión y validación –habitualmente a cargo de otros investigadores-  que garantizan un piso de rigor científico.

Los portales de revistas como Latindex, SciELO y Redelayc se destacan por la calidad y la diversidad de temáticas que abarcan. También hay espacios enfocados a campos específicos, como el sitio web de Clacso y el repositorio de la Alianza de Servicio de Información Agropecuaria.

En esa línea, la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) cuenta con un portal de revistas científicas, académicas y culturales, que hoy tiene 57 publicaciones en línea elaboradas por docentes e investigadores de sus diversas facultades y centros miembros.

La UNC es la segunda universidad en todo el continente, después de la de Harvard, con un área específica, la “Oficina Conocimiento Abierto”, creada en 2014. Desde allí, se pretende concientizar sobre el tema, promover la producción de publicaciones científicas y capacitar a investigadores, editores, becarios, estudiantes de posgrado y bibliotecarios en el uso de programas de código abierto para gestionar estas plataformas, según apunta su directora Alejandra Nardi.

“Uno de los obstáculos del Acceso Abierto es que, en términos cualitativos, una parte importante de la producción científica se publica fuera de la región en revistas que no suelen ser de acceso abierto. Los sistemas de promoción de la investigación suelen dar mayores ‘incentivos’ para que los investigadores publiquen sus resultados en revistas internacionales, con mayor factor de impacto”, señalan los especialistas Juan Pablo Alperin y Gustavo Fischman, en el libro Hecho en Latinoamérica (2015), que profundiza en la cuestión.

Con todo, Babini se pregunta: ¿Por qué no pensar que la historia del adolescente que descubrió el test para detectar cáncer de páncreas puede repetirse? “Alguien puede decir que es un caso de Estados Unidos. Pero si lo traemos a la realidad latinoamericana, está demostrado que el 25 por ciento de los contenidos de los portales SciELO y  Redalyc  son usados por gente que está fuera del ámbito académico. O sea que la posibilidad de que haya muchos Andraka es enorme”.

Con fuerza de ley

Según Ley de Creación de Repositorios Digitales Institucionales de Acceso Abierto sancionada por el Congreso de la Nación en 2013, toda producción científica financiada total o parcialmente con fondos públicos debe ser compartida en acceso abierto y gratuito.

El modelo de acceso abierto a la producción científico-tecnológica implica que los usuarios pueden, en forma gratuita, leer, descargar, copiar, distribuir, imprimir, buscar o enlazar los textos completos de los artículos científicos, y usarlos con propósitos legítimos ligados a la investigación científica, a la educación o a la gestión de políticas públicas, fundamenta la norma.

Para descargar gratis y leer

Red de revistas científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal (Redalyc): 1138 revistas científicas y 37 mil fascículos en www.redalyc.org

Latindex: 6.111 revistas en www.latindex.ppl.unam.mx

SciELO: cerca de mil revistas en www.scielo.org

Clacso: 1.500 publicaciones en http://www.clacso.org.ar

Clacso – Redalyc: alianza lanzado en 2015 con 750 publicacioneshttp://www.clacso.redalyc.org

Universidad Nacional de Córdoba: Portal de Revistas en revistas.unc.edu.ar

Fuente: La voz del interior

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Extensión bibliotecaria: hasta dónde pueden llegar las bibliotecas

Es tiempo de descanso, de horarios relajados, de períodos de vacaciones y de cambio de costumbres, factores todos ellos que influyen en los hábitos de lectura de los usuarios de nuestras bibliotecas. Por eso, hoy reflexionaremos sobre las posibilidades que tenemos y podemos aprovechar para llevar la biblioteca a los lugares más alejados de la misma y que a la vez sirvan para acercar a los lectores a la biblioteca gracias a los servicios de extensión bibliotecaria.

Para aquellos que habitualmente son usuarios asiduos de las bibliotecas, normalmente basta con mantenerles informados de novedades, secciones habituales o nuevas, centros de interés o títulos recomendados. Pero para los usuarios que no acuden con frecuencia a la misma, es momento para ofrecerles de nuevo los servicios de la biblioteca del modo más atractivo y aprovechando los factores dichos al principio. Esto es la extensión bibliotecaria, el modo que tiene la biblioteca de salir de su espacio habitual y llegar a todos los rincones donde puedan interesar a los ciudadanos.

Ya sabemos que si Mahoma no va a la montaña, la montaña es la que va a Mahoma. Como bien dijo la compañera María del Carmen Sánchez Arnedo, si el lector no va a la información, la información va al lector . En este caso, la biblioteca es la que tiene que utilizar cuantos recursos están en su mano para que los usuarios disfruten de sus servicios y accedan al mundo sin límites que se les ofrece desde las bibliotecas. Pero en esta ocasión, hablamos de otras formas de ofrecer servicios que no son únicamente las habituales, dentro del espacio físico de las bibliotecas. Enumeraremos a continuación algunas opciones que podemos ofrecer desde cualquier biblioteca, sea grande o pequeña, especializada, universitaria, pública o simplemente punto de servicio.

  • Lotes en préstamo: se trata de selecciones de obras en diversos soportes que se depositan en préstamo temporal en distintas entidades con intereses afines a la biblioteca, por ejemplo para asociaciones culturales, colegios, centros de día, residencias de ancianos, ludotecas, piscinas, etc. Se trata de ofrecer lecturas y obras de consulta para lectores poco habituales de la biblioteca y sobre todo en lugares externos a la misma.

 

  • Bibliopiscinas y biblioplayas: ya mencionadas en anteriores ocasiones explicando cómo son las bibliopiscinas , resultan una excelente actividad de extensión bibliotecaria que ofrece lecturas refrescantes, ligeras, entretenidas y variadas a los lectores-usuarios de las piscinas durante el verano. También nos habló de este servicio Irene Blanco en su post sobre bibliopiscinas y biblioplayas  y Julián Marquina en su blog nos detalla cómo cunden los ejemplos de biblioplayas en distintos lugares del mundo aunque no todos pueden ser considerados estrictamente servicio de extensión bibliotecaria como tal. Las claves para que esta extensión bibliotecaria sea efectiva son principalmente dos: la atención por parte de profesionales bibliotecarios y la adecuada selección del lote disponible.

 

  • Quiosco bibliotecario: se trata de un servicio de extensión bibliotecaria que ofrece fudamentalmente la lectura de periódicos y revistas, pudiendo también incluir algunos títulos de libros para niños y adultos además de títulos pertenecientes a la sección local. Este servicio trata de aprovechar los espacios públicos, igual que en el caso de los biblioparques del que después hablaré, para sacar de la biblioteca las publicaciones periódicas de interés para los usuarios. En definitiva es una extensión de la hemeroteca disponible en la propia biblioteca. Este servicio se lleva ofreciendo muchos años, con gran aceptación y uso por parte del público, en la Biblioteca José Hierro de Talavera de la Reina (Toledo) .

 

  • Puntos de interés externos: una interesante selección de títulos puede servir de reclamo a los posibles lectores y usuarios de las bibliotecas, cuando se colocan en puntos estratégicos externos a la misma, a modo de expositores de novedades comerciales.

 

  • Leer en compañía y biblioteca solidaria: ya se habló de este servicio que se va extendiendo a numerosas bibliotecas, acercando la lectura a los usuarios mayores que no pueden acceder a las bibliotecas por diversas circunstancias, al abordar el tema del servicio de lectura a los mayores  y cuyos factores principales son los voluntarios disponibles de Cruz Roja, con su correspondiente formación específica, y los usuarios mayores de 65 años.

 

  • Lotes en salas de espera: los tiempos a veces excesivos que hay que invertir en las salas de espera de centros médicos, hospitales o consultas de especialistas médicos se pueden aprovechar también para acercarse a los pacientes amantes de la lectura, tal y como nos explicaba la compañera Ana Baeza al abordar el tema de los libros en la sala de espera

 

  • Bibliomercados: son experiencias de extensión bibliotecaria que aprovechan lugares muy concurridos como los mercados para llevar parte de sus fondos a los usuarios de los mercados y posibilitarles el acceso a los servicios de la biblioteca de un modo diferente, como nos explicaba hace poco la compañera Fuensanta Martínez en su post sobre la apuesta de Murcia por el “bibliomercado” . También encontramos algunas experiencias en A Coruña cuentacuentos en bibliomercado o en Santiago de Compostela con el bibliomercado, la biblioteca a tu servicio.

 

  • Bibliometro: es un servicio de préstamo de libros, punto de servicio de extensión bibliotecaria, que ofrece préstamo de libros en la Red del Metro de Madrid para los usuarios viajeros del Metro y cuya información se puede consultar en el enlace del  Bibliometro  . Es un servicio que cuenta ya con una larga experiencia, y cuyos elementos esenciales son el pertenecer al servicio de Bibliotecas de la Comunidad de Madrid, los puntos de servicio, el lote de títulos disponibles para el préstamo y los profesionales que atienden dicho servicio.

 

  • Bibliobuses: es un servicio de extensión bibliotecaria de larga trayectoria en nuestro país y del que nos da cuenta detallada en cada una de sus entradas el compañero Roberto Soto en BiblogTecarios. Se trata de llevar el servicio de biblioteca pública a las poblaciones y sectores de población que no disponen del mismo de modo permanente. Los elementos necesarios son la entidad que organiza y sostiene el servicio de Bibliobús, el lote seleccionado de títulos, el vehículo que los transporta y los profesionales que atienden el servicio como el bibliotecario que atiende las consultas y los préstamos y el conductor del bibliobús. Ejemplos de este servicio los encontramos en prácticamente toda España y nos lo detalla ACLEBIM (Asociación de Profesionales de Bibliotecas Móviles) en su web sobre los bibliobuses en España y los enlaces web.

 

  • Maletas viajeras: es una experiencia de animación a la lectura y extensión bibliotecaria que busca fomentar el interés por la selección de títulos contenidos en la maleta, que irá rotando periódicamente principalmente por diferentes bibliotecas y colegios y cuya finalidad primordial es fomentar el gusto por la lectura y animar a los que disfruten de la actividad a acercarse a la biblioteca y ampliar sus lecturas.

 

  • Biblioparques: aún poco explorado este ámbito externo a la biblioteca, se trata de llevar la lectura a los parques públicos y acercarla a los que disfrutan del paseo al aire libre en parques públicos, como nos explicaba con detalle hace muy poco Sandra Clemente al invitarnos a leer al parque . Los lotes disponibles son fundamentalmente de libros y se ofrecen lecturas para todas las franjas de edad, aunque los usuarios mayoritarios son los niños.

Como podemos comprobar, hay un amplísimo abanico de opciones de extensión bibliotecaria, de oferta de servicios de la biblioteca fuera de su espacio habitual. Esta diversidad es creciente y muy variada, y responde a la necesidad de acercar y dar a conocer a los usuarios los servicios que las bibliotecas les ofrecen, en esta ocasión fuera de los edificios propiamente dichos, pero dependientes de las bibliotecas. Se trata de ofertas de gran interés y acogida por parte del público que hacen replantearse cosntantemente los servicios bibliotecarios, intentando llegar a todos los rincones posibles, acercando la cultura y la lectura a todos los ciudadanos, siempre con profesionalidad y con calidad. Todo un ejercicio de creatividad y buen hacer que las bibliotecas deben tener siempre presentes dentro de sus ofertas de servicios habituales. Ahora ya no hay excusas para privarse de buenas lecturas aunque no se acuda a la biblioteca: bastaría con pasear por un parque y acercarse a un biblioparque, entrar a refrescarse a una piscina que ofrece bibliopiscina, viajar en metro y hacer uso del bibliometro, o consultar la prensa diaria en el quiosco bibliotecario de algún jardín del barrio o de la ciudad. Esperemos que los ejemplos cundan y se extiendan a muchas bibliotecas que aún no lo ofrecen. Es una de las aspiraciones de los servicios bibliotecarios: tratar de llegar al 100% de la población y para ello la extensión bibliotecaria es un servicio necesario para conseguirlo.

Fuente: Biblogtecarios

Publicado en BIBLIOTECARIO, Bibliotecologia, historia

La importancia de la memoria, la historia de la bibliotecología.

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Para una disciplina como la bibliotecología que pareciera tan propensa a adoptar cambios en su nombre, en su forma y en sus tareas, podría asumirse que el estudio de su historia ha sido relegado por su falta de pertinencia, o en todo caso es visto como un asunto de interés para tiempos pasados, pues ¿qué utilidad podrían tener los estudios de corte histórico para la bibliotecología contemporánea?  La respuesta parece fácil cuando vemos que los intereses mercantiles y tecnológicos se imponen, sobre la naturaleza humanística y social de nuestra disciplina.

Importantes estudiosos del tema, como Jesse Shera, encontraron que la investigación en torno a la reflexión histórica en la bibliotecología brinda, en primer lugar, el conocimiento necesario al bibliotecario para ejercer su papel con rigor y no en la “ignorancia” de su propio “deber-ser“, sobre todo fortaleciendo su postura frente al debate de la naturaleza técnica o académica de la profesión.  Shera ve en Pierce Butler y su obra Introduction to library science, el sitio donde se asentaron las bases del marco filosófico para que la bibliotecología no sólo fuese reconocida como parte integral de la cultura contemporánea, sino que brindó argumentos sólidos para contemplar a la historia como un elemento básico para lograr entender la relación intrínseca entra la biblioteca y la cultura (240).

Más recientemente, Alejandro Parada estableció que la historia de las bibliotecas hace aportes a la “conciencia histórica del deber ser” del bibliotecario, quien mediante un proceso de concientización logra establecer un diálogo entre el pasado, presente y futuro de la disciplina, así como el construir una “base indispensable para fundamentar una Filosofía de la Bibliotecología/Ciencia de la Información” (2012, 7).  Así, la información obtenida de este tipo de investigación contribuye a la historia de la disciplina y proporciona información que refuerza “el conocimiento de la identidad del bibliotecario profesional” (Ladrón de Guevara, 292).

Resulta lógico que la historia de la disciplina, se relacione y se enriquezca, forzosamente, con los estudios desarrollados sobre la historia del libro, la lectura y las bibliotecas.

La historia bibliotecaria en América Latina continúa siendo terreno fértil para el desarrollo de estudios valiosos para la bibliotecología de la región, pues ayuda a conocer sus orígenes y a entender el comportamiento de las bibliotecas y los bibliotecarios, a través de su papel dentro de la comunidad y el tiempo en que se desarrollaron.  Nettie Lee Benson, en su texto “La  historia de las bibliotecas en América Latina”(1971, 9), recalcó la necesidad de realizar investigaciones sobre el tema, concretamente estudios enfocados en ciertos tipos de bibliotecas, como las universitarias.  Rosa María Fernández, también señaló la importancia de continuar los estudios acerca de la historia de las bibliotecas, pues la mayoría de las investigaciones realizadas se han centrado en un pasado lejano, como las bibliotecas de los siglos XVI al XIX (1994, en línea).

Aunque han pasado varias décadas desde que se hicieron estas declaraciones, no han surgido tantos estudios como sería deseable, así los aportes a la historia de las bibliotecología no se han desarrollado con tanta fuerza y sólo aparecen espóradicamente algunos esfuerzos aislados.  Pero no todo se debe al desinterés del bibliotecario, en todo caso, las ocupaciones cotidianas y el resolver los distintos problemas que su labor ha tenido que enfrentar al paso de los años, ha provocado que sobre todo, se desarrollen estudios de corte práctico que ayudan a facilitar las tareas o a difundir las buenas prácticas entre organizaciones.

Sin embargo, la historia de la disciplina bibliotecaria no sólo ofrece estudios de corte enciclopédico, abstractos, o eruditos. Estos también tienen utilidad al ayudarnos a clarificar nuestra razón de ser frente a este panorama cambiante y por otro lado, resultan en estudios prácticos que permitir establecer líneas o guías de acción. Esto porque la historia de una sola biblioteca brinda material de investigación para establecer conexiones a un nivel general (Raabe,  286), ya que extraen las prácticas que pueden servir de patrón a los bibliotecarios que deseen planear u orientar su camino al conocer el de otras organizaciones, a través de la experiencia de bibliotecas consolidadas.

Afortunadamente, en la actualidad y como resultado de las tendencias en el desarrollo de investigaciones interdisciplinarias, instituciones como la École de Chartes, que tienen una larga tradición impulsando estudios históricos que abarcan un amplio universo en torno al libro, sobre cuestiones como la transmisión de los impresos, las imágenes y la historia de las bibliotecas, ha logrado atraer a bibliotecarios e historiadores interesados por explorar la complejidad de la biblioteca como institución y la diversidad de roles que ha tenido durante el tiempo.

Volviendo a la pregunta del inicio, ¿Cuál es la relevancia actual de los estudios históricos en la bibliotecología? justamente encuentran su pertinencia en este mar de inquietudes e incertidumbre que rodean al bibliotecario hoy día, consecuencia de los cambios y los avances acelerados, sobre todo en las tecnologías involucradas con nuestras tareas y las de nuestros usuarios.  En palabras de Alejandro Parada, la influencia de las nuevas tecnologías: “plantea la necesidad de volver a definir a la Bibliotecología tomando en consideración…  la renovación de posiciones y perspectivas como sobre algunas pérdidas relacionadas con la reflexión sobre la propia experiencia del ejercicio profesional”. Este ejercicio obligará a considerar el análisis de otros asuntos que han sido dejados de lado, o que deban revisarse de nuevo a la luz de los cambios que trae la práctica bibliotecaria actual, entre estos podemos mencionar, los valores y la ética ligada a la práctica profesional, la pertenencia o no a determinada(s) disciplina(s), los cambios en la formación profesional y las relaciones con la tecnología, entre otros, a fin de poder reflexionar sobre la razón de ser del bibliotecario de esta época.

FUENTE: Infotecarios

Publicado en Acceso a la Información, Alfabetización Informacional, Bibliotecologia, USUARIOS, WEB 2.0

El usuario no es el Enemigo

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La biblioteca pública abre sus puertas por la mañana, temprano, enciende las luces y comienza la actividad.

Durante más de doce horas ofrece espacio y recursos para que toda persona que busca alguna información, un libro interesante, una buena peli, o algo de música, lo encuentren todo de manera fácil y rápida. Mientras tanto, puede hojear la prensa diaria en un espacio agradable, o en Internet si lo prefiere, mandar un correo electrónico a un amig@ o familiar que esta lejos, buscar trabajo o moverse por las redes sociales mientras otr@s aprovechan nuestra sala de estudio para, en silencio y concentrados, estudiar.

Niñ@s y adult@s tienen a su disposición un montón de estímulos culturales y sociales, presenciales y virtuales, de aprendizaje y conocimiento.

L@s bibliotecari@s innovamos, creamos, adaptamos e integramos, todo con un único fin: que la gente utilice y disfrute la biblioteca y le sea útil en su vida. Ahí, creo yo, radica la importancia de nuestra profesión.

Reconozco que nuestro trabajo también es mantener esa información que facilitamos actualizada y en buen estado, así como garantizar el acceso libre a ella. Evidentemente, como en cualquier otro servicio que sea de uso colectivo, debemos de regirnos por unas normas establecidas que garantizan el ejercicio de nuestro derecho y también velan por el cumplimiento de nuestros deberes a la hora de utilizar y aprovechar estos servicios de carácter público.

Nunca he creído que mi objetivo fuera decidir qué se debe y qué no se debe hacer en la biblioteca. Lo mas opuesto a nuestra función es restringir, prohibir y limitar. Creo que es mucho mas honesto intentar educar y formar a las personas en el uso de los recursos bibliotecarios, para que, de una vez por todas, sean libres y autosuficientes a la hora de acceder a los mismos y los aprovechen al máximo con respeto y responsabilidad.

Casi me atrevería a hacer un decálogo de buenas prácticas, totalmente discutibles y modificables, para la atención al usuario en la biblioteca pública. Y ahí van:

  1. Buen humor y paciencia. Con una sonrisa, un pelín de empatia y paciencia al explicar las cosas es mas fácil que se entiendan y se intenten poner en práctica.
  2. No prohibir. Intentar explicar por qué algunas cosas no se pueden hacer, en beneficio de tod@s.
  3. Es una necedad presuponer mala fe a cada persona que comete un error, se retrasa, o devuelve un material deteriorado. Se aplican las normas con contundencia, se invita a mejorar y punto.
  4. El acceso a la colección es libre, se puede tocar, hojear, coger y dejar. No nos podemos irritar y convertirnos en carceler@s de los fondos porque la gente los coja y deje según sus necesidades sin recordar el orden en que estaban.
  5. L@s niñ@s descubren un espacio nuevo lleno de estímulos visuales que desconocían. No van a estar quietos con su librito entre las manitas, tienen que tocar, descubrir, leer en voz alta y a veces gritar o lanzarse de cabeza a las alfombras y el mobiliario de diseño. No pasa nada, poco a poco se familiarizan con el espacio y lo aprovechan más y mejor.
  6. Atender las demandas de l@s usuari@s, detectar sus carencias en el manejo de los recursos y prestar atención a sus sugerencias nos facilita nuestra labor no la entorpece.
  7. Somos human@s, a veces nos equivocamos y cometemos errores que pueden generar quejas. Habrá que asumir la responsabilidad y corregir, es lo que hay.
  8. Seguir teniendo iniciativa y ganas de aprender. Nuevas tecnologías, redes sociales, servicios on line, e-book, y un montón de cosas que hacen nuestro trabajo mas activo, interesante e innovador.
  9. Creer en la importancia de nuestro trabajo, no tener miedo a actualizarnos y cambiar para mejorar.
  10. Tener bien claro que sin los usuarios, nuestro trabajo no tendría ningún sentido.

FUENTE: Biblogtecario

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Inteligencia Emocional en Bibliotecas ¿Para qué?

Las emociones son contagiosas. Todos lo conocemos por experiencia. Después de un buen café con un amigo, te sientes bien. Cuando te toca un recepcionista maleducado en una tienda, te vas sintiéndote mal. (Daniel Goleman)

Dice el neurólogo António Damásio – Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2005- que no somos máquinas pensantes que sentimos sino máquinas sentimentales que pensamos. No es objeto de este post el entrar a debatir sobre la relación emoción-razón que a día de hoy sigue abierto sino reflexionar acerca de las competencias emocionales que debe dominar el profesional de bibliotecas, así como también analizar las aplicaciones que tiene la Inteligencia Emocional en nuestra profesión.

En el ámbito bibliotecario español fue Enrique Navas quién hizo la primera referencia a la inteligencia emocional para personal bibliotecario en su artículo “La inteligencia emocional: una herramienta bibliotecaria poco glamurosa, pero tremendamente efectiva en la atención al usuario“, al que siguieron unas jornadas técnicas en octubre del año 2014 bajo el lema “Inteligencia emocional en bibliotecas“, celebradas en Sevilla y organizadas desde la Asociación Andaluza de Bibliotecarios con el apoyo de la Dirección General de Industrias Culturales y del Libro. Con esta iniciativa se buscaba proporcionar al personal bibliotecario formación en gestión de las emociones para que mejorasen su desempeño profesional a nivel interno y para con el usuario. .

Pero… compañeros y compañeras bibliotecarios/as, ¿Conocemos cuáles son las competencias emocionales? ¿valoramos la gestión emocional como fundamental para nuestro desempeño en el día a día con nuestros usuarios? ¿Sabemos cómo influyen las emociones en nuestro entorno laboral?¿sabemos qué efecto tienen en nosotros las emociones de los demás? ¿sabemos gestionar críticas, quejas y/o reclamaciones? ¿Sabemos crear entornos de confianza y positivos en nuestros centros de trabajo?

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Empecemos por definir qué es la inteligencia emocional. Siguiendo a Hendrie Weisinger podemos entenderla como el uso inteligente de las emociones, esto es, de forma intencional hacemos que nuestras emociones trabajen para nosotros, utilizándolas con el fin de que nos ayuden a guiar nuestro comportamiento y a pensar de manera que mejoren nuestros resultados. Siendo así, ¿no resulta obvia la aplicación de la inteligencia emocional para cualquier persona que trabaje de cara al público y con vocación de servicio a la comunidad?

Veamos ahora cuáles son las competencias emocionales que señala Daniel Goleman, padre de la inteligencia emocional:

  • Autoconciencia emocional: saber cómo se siente uno mismo… ¿Cansado?, ¿Enfadado?, ¿Eufórico? ¿Triste?, ¿Estresado?. Para gestionar las emociones, el primer paso es saber identificarlas correctamente.
  • Autogestión emocional: capacidad de regular influencias inquietantes como ansiedad e ira y para inhibir la impulsividad emocional. ¿Cómo nos comunicamos con nuestros usuarios? ¿Desde nuestro enfado? ¿Desde nuestras frustraciones personales? ¿Y con nuestros compañeros?
  • Conciencia social: empatía, orientación hacia el servicio, conciencia de organización. ¿Somos pacientes? ¿Somos comprensivos? ¿Tenemos conciencia de equipo?
  • Gestión de las relaciones o habilidad social: aptitud para armonizarnos o influir en las emociones de otra persona. Incluiríamos aquí: influencia, comunicación, resolución de conflicto, liderazgo, catalizador de cambios, vínculos y trabajo en equipo.

Desde mi punto de vista, el desarrollo de estas competencias entre los profesionales de bibliotecas es fundamental para crear espacios de confianza y abiertos, para alcanzar la excelencia en el trato al usuario, para mejorar nuestra comunicación a todos los niveles y para lograr equipos ilusionados y comprometidos.

Asimismo, es imprescindible trabajar en la adquisición de las siguientes habilidades que, en mi opinión, están íntimamente relacionadas con la inteligencia emocional:

  • Escucha activa y empatía, para comprender a nuestros usuarios y usuarias. Un error que se produce de manera habitual es querer hablar demasiado y expresar nuestro punto de vista a toda costa en lugar de escuchar activamente -expresión facial, postura corporal, lenguaje verbal- lo que nos están intentando decir. ¿Oímos o escuchamos? ¿Dejamos expresarse al otro? ¿Escuchamos para comprender o para responder?
  • Asertividad, entendida como la habilidad de expresar de manera directa, honesta y respetuosa lo que pensamos, lo que sentimos o lo que deseamos. Una persona que se comunica de manera asertiva es capaz de emitir y de recibir críticas de forma adecuada, sin generar conflictos y sin amenazar a los demás para conseguir aquello que desean. ¿Sabemos gestionar quejas y/o reclamaciones de usuarios? ¿Sabemos poner límites sin herir al otro?
  • Proactividad, entendida como la capacidad de analizar las circunstancias, anticiparse a ellas y transformarlas. ¿Somos facilitadores de cambios? ¿Somos reactivos o proactivos? ¿Centramos nuestra atención en el círculo de preocupación o en el área de influencia?

Resumiendo, inteligencia emocional en bibliotecas para…

  • Mejorar la comunicación a nivel interno y externo.
  • Mejorar nuestra atención al usuario.
  • Mejorar la resolución de críticas y reclamaciones.
  • Conseguir equipos más motivados y comprometidos con el propósito de la biblioteca.
  • Anticiparnos a los cambios del sector cultural, así como también gestionar la incertidumbre.

FUENTE: Biblogtecarios

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Con el foco siempre en los usuarios de la biblioteca

Uno de los cambios más interesantes que experimentan las bibliotecas es la transformación de las relaciones que desde ella se establecen con los lectores, con sus usuarios. Es este un aspecto plenamente vivo y dinámico sobre el que gira buena parte del proceso de redefinición y reinvención de los servicios bibliotecarios, tanto los que presta en su dimensión física como los que se generan en el plano virtual.

A diferencia de épocas anteriores, en la nueva nueva etapa por la que transitan  los servicios de lectura pública se otorga a los lectores y usuarios un nuevo papel, más participativo y activo. En virtud de este cambio el lector deja de ser un simple receptor de los servicios programados para él en favor de una mayor implicación suya en la construcción y mantenimiento de la biblioteca. Este cambio se refleja en el día a día de muchas bibliotecas y afecta de forma muy directa a la definición y diseño de las estrategias, programas y actividades en torno a la promoción de la lectura y la escritura:

  • Así, de ser mero destinatario de las actividades de fomento de la lectura que la biblioteca le ofrece pasa a ser un agente activo, presente desde el diseño, cómplice en su desarrollo, así como factor esencial de divulgación y de expansión de la acción de la biblioteca.
  • Este nuevo planteamiento requiere una mayor adaptación a los usuarios individuales y colectivos, escuchar la voz y analizar el comportamiento de los lectores presenciales y del lector digital para reforzar la participación y los niveles de decisión de los usuarios.
  • La tecnología propugna una red horizontal construida entre todos, pieza a pieza interconectada, en la que la conversación se revela como elemento nuclear sobre el que giren todas las propuestas de acercamiento a la lectura y a la escritura y constituye la mejor argamasa para construir un proyecto sólido y coherente de animación cultural en torno a la biblioteca y sus espacios físico y virtual.

 La importancia de las redes y herramientas digitales

El cambio de modelo cultural que experimentamos invita a las bibliotecas a introducir cambios a la hora de concebir y programar las actividades de promoción del libro y la lectura, como evidencia el ya amplio muestrario de experiencias que abren líneas de innovación y de búsqueda de nuevos caminos y estrategias.

La experiencia demuestra que los espacios, redes y comunidades virtuales aportan a las bibliotecas:

  • Mayor visibilidad y proyección de su labor.
  • Nuevos canales de comunicación permanentes.
  • Atractivos cauces de participación y diálogo en torno a la lectura.
  • Información sobre los gustos, necesidades e intereses de los usuarios.

En el desarrollo de este tipo de propuestas se apunta el nuevo camino que la biblioteca debe transitar de cara a mantener y reforzar su carácter de privilegiado espacio, físico y virtual, de promoción de la lectura, cada vez más abierto a la integración y participación de los usuarios. Con estas nuevas estrategias de acción se vislumbra un futuro que ya está en construcción y que pone de manifiesto la capacidad de transformación de la biblioteca pública para adaptarse a la nueva realidad que se dibuja en torno a la lectura y los lectores en la sociedad actual.

La biblioteca tiene hoy a su disposición un amplio abanico de posibilidades para enriquecer sus prácticas tradicionales, a través de las que profundizar en su objetivo de proporcionar a los lectores recursos y claves que les ayudan a enriquecer sus lecturas. Incorporar nuevos elementos del contexto tecnológico a las propuestas aporta nuevas dimensiones que aportan diversidad y añaden valor a la oferta de la biblioteca, además de otorgarle mayor visibilidad, identidad y mejor posicionamiento en los entornos físico y digital:

  • Integrar la biblioteca física y los espacios virtuales supone a la vez un reto y un gran atractivo a la hora de planificar una acción coherente y completa de promoción de la lectura y la escritura que fomente la participación de los usuarios en la dinámica de la organización, desarrolle la creatividad, favorezca la creación conjunta y redunde finalmente en favorecer que la biblioteca consiga un posicionamiento estratégico en un nuevo escenario de juego.
  • La diversificación y flexibilidad de las propuestas aparecen como condiciones necesarias en todo plan de acción dada la heterogeneidad que presenta el público al que la biblioteca pretende atender, las diferentes plataformas de actuación que se le ofrecen y el propio dinamismo del entorno del libro y la lectura.
  • La biblioteca, concebida como laboratorio de lectura, ha de aportar buenas dosis de innovación a sus propuestas, valiéndose para ello de los medios digitales creativos que están a su alcance y de todas las posibilidades que encierra la lectura social, abriendo espacios múltiples a la participación de los lectores con comentarios, sugerencias y desarrollo de proyectos colaborativos
  • La nube como herramienta y el trabajo colaborativo como guía multiplica las posibilidades de proponer acciones de comunicación, de interactuar con los usuarios y de enriquecer el contenido del conjunto de actividades que ofrece la biblioteca. El uso de las redes sociales, blogs, wikis, canales de vídeo y otras posibilidades al alcance de la biblioteca hace posible ofrecer a los usuarios nuevos y atractivos espacios de creación, de forma libre o ligados a programas y actividades concretas: proyectos puntuales, clubes de lectores, encuentros con autores, micro abierto, etc.
  • La presencia y utilización de los diferentes dispositivos electrónicos de lectura junto al libro impreso en las propuestas de actividad supone abrir un interesante diálogo entre las diferentes formas de transmisión de la cultura, acerca los nuevos medios de lectura a los usuarios en un régimen de complementariedad y no confrontación y favorece la formación de lectores competentes en la lectura en múltiples plataformas.
  • La tecnología móvil, en este sentido, propicia una mayor aproximación a los usuarios, la biblioteca puede presentarse más cercana a través de ella y además abre la puerta a nuevas posibilidades de actuación y desarrollo de actividades valiéndose de los propios dispositivos de los usuarios.

Se trata al cabo, de sumar todas las posibilidades que brinda el entorno tecnológico y la conectividad a las acciones y estrategias tradicionales de promoción de la lectura, la escritura, la expresión y la comunicación que desarrolla la biblioteca; de explorar nuevas vías de acercamiento a los usuarios desde los espacios físicos y virtuales; de conocer las herramientas, aplicaciones, plataformas, comunidades de lectores y redes sociales y de plantear cómo sacarle el mayor partido posible como canales de comunicación, distribución y colaboración al servicio de los lectores y en pro de la biblioteca misma.

FUENTE: Biblogtecarios

Publicado en Acceso a la Información, WEB 2.0

Niños ante el acceso a la información ¿Oportunidad o Amenaza?

Está de más insistir en que un menor no debería navegar en la red sin supervisión adulta, pero siendo realistas, sería prácticamente imposible controlar lo que consultan en Internet, así que ¿Por qué preocuparnos por el contenido al que pueden tener acceso, pero no ocuparnos de mostrarles cual es el contenido adecuado para ellos?

Online communication flat linear  illustration. Top viewEntendamos el acceso a la información como la labor más importante del bibliotecario actual, ya que es el responsable de organizar, buscar y recuperar información con la finalidad de ponerla al alcance al mayor número de usuarios posible, ya sea de bibliotecas, centros de documentación, etcétera. Todo esto ahora con ayuda de las TIC, haciendo énfasis en que el flujo de información en nuestra era es tan inmenso que fue necesaria la creación del concepto infodiversidad, el cual es explicado por Samuel Castro Ponce anteriormente en su post Infodiversidad y globalización. Es notorio no es una tarea fácil.

Pero el interés de esta labor, siempre parece estar dirigido a la comunidad adulta, ¿Qué pasa con la comunidad infantil? ¿Quién debería encargarse de seleccionar información adecuada a su edad? ¿Cómo y en qué lugar? Bien, pues el bibliotecario es la persona indicada para esta tarea, a través de servicios diseñados para ello, y dentro de las salas infantiles. Estos espacios que como tal tuvieron su auge a principios del siglo XX , y que una de sus funciones principales es la de orientar a estos jóvenes usuarios ante la gran cantidad de información disponible que les pueda resultar abrumadora , y que como consecuencia de lo antes mencionado deberían contar con los servicios adecuados para mostrar a los pequeños usuarios, que es en realidad el acceso a la información, evitando así que consideren el acceso a Internet como el acceso a la información, enseñándoles también que información es útil y que información no lo es.

sala infantil
Imagen tomada de: Altervista

Para lograrlo se podrían programar círculos de lectura en donde la temática principal del material literario sea la importancia de tener la información correcta en el memento indicado, talleres de computación en donde se les enseñe a realizar búsquedas útiles en la red, como herramienta se podría recurrir a Kids Click!

 

 

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Buscador Kids Click

Un buscador confiable y seguro para la población infantil, hecho por bibliotecarios, con una interfaz fácil de manejar y atractiva a los pequeños usuarios.

Así que más que una amenaza, podemos ver este acceso a la información a la población infantil, como una gran ventaja, porque si nos detenemos a pensar por un momento… Notaremos que los usuarios de las salas infantiles, son indudablemente candidatos a ser usuarios de todo tipo de bibliotecas en un futuro.

Fuente: Infotecarios 

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Marketing de experiencias…y si lo aplicamos en la biblioteca?

En la literatura del marketing se atribuye la primera definición de economía de la experiencia a los autores Pine y Gilmore cuando en 1998, publicaron su obra titulada “Experience Economy”, basada en el nacimiento de una nueva era económica caracterizada por un tipo de empresas orientadas a un consumidor que está más centrado en la búsqueda y experimentación de una serie de sensaciones, beneficios emocionales y momentos calificados como de singulares, únicos, auténticos, extraordinarios y memorables. Así, proponen incorporar a cualquier producto o servicio una serie de sensaciones y emociones, siendo estas el origen de la percepción de una experiencia irrepetible que permitirá aumentar el valor del producto o servicio adquirido por el cliente actual y potencial, otorgándole, además, un carácter más auténtico, único y diferenciador.

Desde esta nueva perspectiva y óptica del marketing, la experiencia haría referencia a un conjunto de actividades que involucran al sujeto como cliente actual y potencial, siendo el resultado de una interacción entre un evento o suceso y el sujeto que lo disfruta, ya sea en un plano físico, emocional, intelectual e incluso espiritual. 

“Ofrecer experiencias al consumidor se convierte en un factor clave de competitividad”

Actualmente, en el ámbito bibliotecario, cada vez se oye con más fuerza la relevancia de los términos” satisfacer y fidelizar”; y es que hoy, visualizamos la verdadera trascendencia de un mal servicio, de una promesa no cumplida, de un usuario molesto e insatisfecho que simplemente podemos perder y no recuperar.

La realidad, es que en el mundo de las organizaciones de servicios y en especial de las bibliotecas, la fidelización es crucial y la gestión de la experiencia del usuario puede hacer la diferencia. El clásico concepto de atención al usuario ahora se ha transformado en una gestión innovadora de la experiencia del mismo, donde se incorporan los deseos, sentimientos y emociones en el diseño de los servicios para convertirlos en experiencias únicas, auténticas y memorables. Es un desafío en muchas unidades de información ya están trabajando.

Para encaminar nuestras estrategias, podemos utilizar la ruta formada por cinco pasos:

  • Analiza el contexto de los usuarios: las bibliotecas deben preocuparse por conocer el entorno cultural y sociológico en el que se desenvuelve su público usuario.
  • Crea una estrategia: tras el estudio de los usuarios, podemos plasmar en un informe estratégico el tipo de experiencias que pueden tener un impacto positivo sobre ellos. Por tanto, deberemos tener claro qué tipo de experiencia queremos crear, por qué se tratará de una acción valiosa para la organización y cómo se va realizar.
  • Diseña la experiencia: con los objetivos y la filosofía clara, se evaluarán los elementos para crear una imagen coherente en todos los generadores de experiencias comentados en el punto anterior.
  • Crea relaciones: ahora nuestra labor consistirá en aplicar la estrategia a las relaciones que se producen día a día. Hablamos de formar al personal, ajustar los canales de comunicación, apostar por las redes sociales… de cuidar la experiencia más directa con el usuario.
  • Retroalimentación: el marketing experiencial, al igual que cualquier otra forma de gestión, no termina nunca. Debemos establecer una estrategia que sea capaz de escuchar al mercado y adaptarse a sus necesidades, adaptando las experiencias a los cambios socioculturales que puedan surgir con el paso del tiempo.

En este sentido el marketing experiencial debe cruzar la frontera de lo relevante o meramente satisfactorio para llegar a ser considerado como: una circunstancia o acontecimiento vivido por una persona en el proceso de consumo que lo eleva a categoría de experiencia emocional única, auténtica y memorable. Alguien ya dijo que lo que no tiene impacto emocional, no se almacena en la memoria. Las unidades de información podemos y debemos perseguir esta máxima.

Fuente: Infotecarios